Se dice que no existen los tofus azules, que nadie ha conseguido nunca ver ninguno. Sin embargo, en las mañanas de mucho frío, cuando la bruma aún se pega al calzado, a veces se encuentra una pluma azul perdida entre las amarillas, a la entrada de los tofullineros. La presencia de esta pluma se considera una bendición: la visita del misterioso tofu azul es un símbolo de alegría eterna y fecunda.
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