Galant conocía mejor que nadie la realidad del terreno para los luchadores albuereños. Por eso diseñó este escudo, en el que era posible incrustar dos espadas para el combate cuerpo a cuerpo. Si el luchador no podía mantener a distancia a su adversario con su lanza, podía sorprenderle desenvainando una hoja en cuerpo a cuerpo.
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