Compañeros
Rapiat
Los hay que gastan sin mesura. Rapiat, por su parte, no piensa gastar nada. Ha hecho de su avaricia toda una religión. ¿Acaso es un discípulo del dios de escamas doradas? Es muy probable. Pero mientras que los anutrofs se concentran en acumular riquezas, Rapiat solo tiene una obsesión: conservar su dinero. ¡Es mío, mío! ¡Que la peste caiga sobre aquellos que no ahorran! Desatar el cordón de la bolsa lleva a la pobreza... Un solo kama menos y empieza el hambre.